Escupire.sobre.sus.tumbas.capitulo.28 -

La puerta del motel se abrió sin que llamaran.

—Porque ya no me quedan balas para la razón —respondió—. Solo me queda la sed. Y la sed no negocia. Escupire.Sobre.Sus.Tumbas.Capitulo.28

La noche anterior había enterrado a Joe. No con tierra, sino con un hierro. Lo recordaba con una claridad enfermiza: el sonido húmedo del golpe, el crujido de las costillas cediendo como ramas secas. Joe había sido el último eslabón de una cadena que se remontaba hasta el verano del odio. El verano en que Mary, su hermana pequeña, había aparecido flotando en el río con los ojos abiertos mirando un cielo que ya no existía. La puerta del motel se abrió sin que llamaran

La ciudad dormía. Pero los perros ya olían la sangre. Y la sed no negocia

Detrás de ellos, la página quemada de la libreta seguía ardiendo en el cenicero. Las cenizas volaron por la habitación como una pequeña profecía.

Anderson cogió la libreta negra, arrancó la última página y la acercó a la llama de la vela. El nombre de Harwick ardió lentamente, retorciéndose como un gusano de tinta y ceniza.